Salir de la parca rutina, de los mismos paisajes, de los mismos olores y colores. Dejar por un momento que el caos reine, que la sinrazón gobierne. Que el espíritu se anteponga firme como un borracho ante cualquier argumento que esgrima celosa y rabiosa la diosa razón. Que vibre el alma liberada de su cárcel húmeda y fría, triste y lúgubre, vieja y sombría. Que el día anochezca y la noche amanezca. Que venga la madrugada tibia.
Viajar en tren...
Salir del riñón y llegar al corazón. Salir de la simpleza para llegar a lo sencillo. Recorrer los recovecos de un tren anciano, con personajes que aparecen y reaparecen y vuelven a aparecer. Viajar en un vagón hecho añicos, en un tren con vida, con alma y cantina. Un tren, y no un montón de hierro viejo; un tren, y no una vieja maquinaria; un tren, con memoria y sin plegarias.
Viajar en tren con amigos...
Salir y reencontrarse. Volver a compartir mates, guitarreadas y canciones. Canciones que son tan mías, tan nuestras, tan de todos nosotros... Reencontrarnos en un instante, en un pestañeo entre dos eternidades, en el rasgueo de guitarra, en el sonido de un acorde, en la mirada cómplice que quiere decir algo y que finalmente lo logra.
Viajar, viajar... viajar.
1 comentario:
Que grande que es ud,!!!!!!!!
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