-La vida es una trampa a la lógica- me dijo Jesús, un compañero de trabajo. Inmediatamente quedé perplejo y sus palabras se estacionaron en mi cerebro. No sé si la frase es de él o de algún otro, pero eso poco me importó.
Encontrar nuestras contradicciones internas suele ser un ejercicio interesante pero angustiante si uno desea resolverlas. Quizá lo más fácil, o lo normal sea identificarse uno mismo con sus contradicciones y vivir con ellas, asumiéndolas como intrínsecas e inevitables a la condición del ser humano. Es cierto que esto es un atajo, pero puede que sea el único camino sensato.
Ser libre nos permite advertir nuestras contradicciones, pero acaso ¿nos permite resolverlas? Si hay Dios, las contradicciones se resuelven o al menos se encuentran resguardadas por una entidad superior que todo lo perdona; pero ¿y si no lo hay? -Si no hay Dios, habría que inventarlo- dice Voltaire. Puede que Voltaire tenga razón.
En fin, como siempre, muchas son las preguntas, pocas son las respuestas y todo está muy entreverado.
viernes, 28 de diciembre de 2007
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2 comentarios:
La vida es la mayor de las contradicciones, desde su concepción.
Las contradicciones ayudan a cuestionarnos cuando nos damos cuenta que existen, así nos permiten mayor libertad al obrar; y a la vez es la libertad la que nos ayuda a identificarlas...
Y con la libertad basta para resolverlas?
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